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Una enorme mancha roja, más grande que la Ciudad de México, es la forma en la que se ven, desde la atmósfera, las emisiones de dióxido de nitrógeno emitidas por un ducto de Pemex que puso al mar en llamas el viernes pasado.
Dicho suceso no sólo le dio la vuelta al orbe, sino que, además, puso en el ojo del huracán la política energética del gobierno mexicano, basada en aumentar la producción de combustibles fósiles, en un mundo que pide migrar a energías verdes para mitigar los efectos del calentamiento global. El viernes pasado, un incendio se desató en un gasoducto submarino de Pemex en Campeche. Las emisiones de dióxido de nitrógeno emitidas hacia la atmósfera alcanzaron picos que fueron detectados por el Programa Copernicus de la Agencia Espacial Europea, de acuerdo con la Agencia de Monitoreo Atmosférico Global.